La Alhambra de Granada, todo un legado Nararí

 

Situada entre dos colinas adyacentes y separadas por el río Darro, se sitúa una de las ciudades más bellas de España en la que a día de hoy, siguen conservando ese carácter medieval, conservando innumerables restos del antiguo barrio árabe construido durante los siglos XIII y XIV que le han llevado a ser marcada Patrimonio Mundial por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

 

La Alhambra, con su continua ocupación a lo largo del tiempo, actualmente es la única ciudad palatina conservada del período islámico. Constituyendo el mejor ejemplo del arte nazarí en su arquitectura y aspectos decorativos. El Jardín del Generalife y sus granjas de hortalizas representan una de las pocas zonas medievales de productividad agrícola. Estos palacios fueron posibles gracias a la ingeniería de irrigación existente en Al-Ándalus, bien establecida en la Alhambra y el Generalife con elementos tecnológicos conocidos y de estudios por los arqueólogos. Esto constituyó un verdadero sistema urbano que integró la arquitectura y el paisaje, y extendió su influencia en el área circundante con jardines e infraestructuras hidráulicas únicas.

 

El barrio residencial del Albayzín, que constituye el origen de la Ciudad de Granada, es un rico legado de urbanismo y arquitectura moriscos en el que conviven armónicamente edificios nazaríes y construcciones de tradición cristiana. Gran parte de su importancia radica en el plan urbanístico medieval con sus calles estrechas y pequeñas plazas y en las casas relativamente modestas de estilo morisco y andaluz que las bordean. Sin embargo, hay algunos recordatorios más imponentes de su pasada prosperidad. Hoy en día es una de las mejores ilustraciones del urbanismo moro, enriquecido con las contribuciones cristianas del Renacimiento y el Barroco españoles al diseño islámico de las calles.

 

El Albayzín representa un microcosmos de lo que significó el esplendor cultural andaluz en Granada desde sus orígenes en la dinastía Zirí hasta la magnificencia de la dinastía Nazarí. Las costumbres transmitidas por el pueblo Andalusí se originaron en este tipo de barrios y han influido en gran medida en todas las culturas europeas. Sus grandes conocimientos científicos y sus costumbres sociales, así como su gastronomía e higiene, confirman la grandeza de esta cultura avanzada que influyó en las culturas posteriores del Albayzín siglos después.

 

Los atributos que contiene el bien inscrito justifican su posición excepcional en la tradición arquitectónica islámica de la alta edad media, y expresan la autenticidad de manera fiable. Desde su concepción como ciudad palatina, su arquitectura partió de un sistema proporcional, siguiendo los principios de compartimentación de zonas, no exteriorización y el diseño aclimatado típico de la cultura islámica. Junto a ello, se materializa en un programa decorativo basado en la geometría, la epigrafía y la decoración vegetal que alcanza su expresión más característica en las bóvedas de Mocárabe. Este repertorio se completa con elementos de soporte que constituyen un cuerpo integrador más allá de las fronteras estilísticas y culturales. Durante el siglo XIX, algunas prácticas de restauración afectaron a estos atributos, aunque las intervenciones científicas de los años 30 del siglo XX corrigieron admirablemente estos impactos y las principales características en cuanto a forma, materiales y colores, se conservan casi sin cambios.

 

La Alhambra, y en particular el Generalife, incorpora la tradición de la jardinería morisca, el uso estético del agua y los jardines de producción y entretenimiento, teniendo una de las más antiguas zonas de mosaico de terrazas conocidas en Europa. También muestra las técnicas de jardinería renacentistas y contemporáneas, resultado de la creciente preocupación por la preservación de las tradiciones de diseño botánico.

 

El diseño de las calles y el paisaje urbano hispanomusulmán muestran la autenticidad del barrio del Albayzín, conservando ejemplos únicos de los principales hitos arquitectónicos. Hasta 1990, la falta de una política o estrategia global provocó el uso inadecuado de materiales y técnicas para algunas restauraciones. Hoy en día estos defectos están siendo rectificados y revertidos. Las obras contemporáneas están concebidas para sustituir, en la medida de lo posible, las manifestaciones externas de la vida moderna, que tienden a devaluar la imagen perfecta del asentamiento morisco tradicional que ha sobrevivido a través de los siglos pero que está continuamente expuesto a los cambios irreversibles de la vida moderna.

 

Su abigarrado entramado urbano, lleno de calles estrechas y sinuosas, coexiste armoniosamente con los cambios y la apertura de nuevos espacios públicos (plazas y plazoletas) construidos después de la conquista cristiana. La aparición del estilo morisco es esencial para entender la morfología del barrio. En términos de producción arquitectónica significa la adaptación de la técnica nazarí a las tipologías monásticas, eclesiásticas y residenciales cristianas, que coexisten con la riqueza de los edificios musulmanes (murallas, puertas, casas y palacios, baños públicos, depósitos de agua, puentes, hospitales). En el Albayzín, la llamada «arquitectura doméstica morisca» se convierte en una manifestación concreta e identificadora de esta unión cultural.

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